Edición Nº 62

Año XIX - 2016
ISBN 2250-6268

Los tiempos cambian. En realidad la categoría o dimensión tiempo cambió y con ello nuestras vidas son otras. Espacio y tiempo categorías estables para analizar fueron estalladas en nuestra contemporaneidad. Se tocan, se superponen, se tensan y las subjetividades están en el medio de ese juego.
Los medios de comunicación en todas sus formas, tanto mecánicas como virtuales, han hecho que el espacio sea una categoría que ya no hace de barrera. Las estructuras se volvieron flujos y los flujos interconexiones virtuales. Puedo estar en mi casa y comunicarme con un amigo en Francia inmediatamente y desde ese lugar sentir emociones y vivir la cotidianeidad como si no estuviera lejos. Puedo estar en otro lado con una velocidad que un siglo atrás implicaba meses de traslado. Puedo estar en la escuela y estar en otro espacio por medios comunicacionales múltiples. Pasar de meses a horas, de horas a instantaneidad habla de que espacio y tiempo se han achatado, que se tocan, que están en fricción. En este marco, nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras formas de estar, pensar, querer, estudiar, trabajar, desear… son otras.  
Pero estas afectaciones no solo trastocan nuestra cotidianeidad con cosas directas como son los modos de comunicarnos. De que mientras escribo esto veo fotos de mi hijo que esta en otra provincia o un familiar en otro país, compartiendo lo que les pasa aquí y ahora, sino que también afecta nuestra forma de pensar la vida, el pasado, el presente y el futuro y los procesos existenciales. Y si no prestamos atención podemos pensar cuestiones con ejes que merecen ser reflexionados, porque son distintos. Los procesos de aprendizajes, las conductas de los niños, la subjetividad, los vínculos entre adultos y niños, los tratamientos, los diagnósticos requieren ser analizados desde estas dimensiones. Espacio y tiempo, que tienen un ritmo. Y cuando hablamos de ritmo queremos decir que estas dos dimensiones necesitan distancias según de lo que se trate. Un tema musical se expande en el tiempo, no podemos achatarse…. Requiere un transcurrir no es cierto? El pensamiento, el sentir, la escritura, los procesos emocionales, de aprendizaje requieren también tienen una temporalidad procesual aunque no sea igual a las de antes, pero al fin y al cabo hablan de un transcurrir.
Pensar el alma, la subjetividad, la intersubjetividad, los diagnósticos, las multiplicidades de experiencias y culturas, los procesos de diferenciación y desigualdad todo en una constante requieren ser problematizada, pues afectan la vida en su cotidianeidad pero también afectan nuestra capacidad de intervenir en estos procesos.

En presente ejemplar aporta a esta reflexión. Los artículos en relación al Alma, los efectos de los diagnósticos, el déficit, la hiperactividad, la patologización de la infancia, ponen en la palestra estas cuestiones. No estar atento a ello nos puede hacer ver lo que pasa como fuera de una norma que es efecto de una mercadotecnia que juega con el tiempo y el espacio con un nivel de complejidad y velocidad que hace de nuestras existencia una delicada ficha de Go que sin querer queda fuera del tablero que otrora marcaron como “normal”.

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